Hace un par de años presentamos un proyecto de investigación sobre nativos digitales y educación, junto a Lucía Castellón, porque estábamos absolutamente convencidos de que nuestros estudiante habían cambiado y que por lo mismo, era necesario que como educadores nos adaptáramos a esta nueva realidad.
Pese a la gran cantidad de bibliografía que recopilamos y que éramos capaces de distinguir con claridad los síntomas que nos indicaban que la generación de los nativos digitales no era un escenario lejano y no aplicable para Chile, nos fue imposible reunir financiamiento.
Lo interesante del caso, es que las objeciones no provenían del ámbito metodológico o académico. Su origen estaba más en algo propio de lo que Bourdieu hubiera llamado como la lucha por mantener el poder dentro del campo de la educación.
La crítica que esbozábamos era que el sistema educativo en su conjunto está obsoleto, porque corresponde a las necesidades de una sociedad que desapareció hace décadas. La típica metáfora de que si trajéramos un hombre del siglo IXX y lo soltáramos en el centro de cualquier ciudad y que se vería sobrepasado por los cambios y que, sin embargo, si lo lleváramos a una sala de clases de cualquier colegio o universidad, se sentiría como en casa, es totalmente aplicable.
Nuestro sistema educativo está diseñado para una sociedad industrial de tipo fordista, que tuvo sus últimos estertores a principios de los años ochenta con el desembarco de los inefables «chicago boys». Estamos frente a una disyuntiva en la cual los datos nos indican que los jóvenes cambiaron desde el punto de vista cognitivo y cultural, al igual que los entornos económicos y políticos.
Lo que descubrimos con la investigación que finalmente hicimos sin ningún tipo de financiamiento, es que los jóvenes piensan de manera hipertextual, que siente una gran lejanía con el texto y que estudian de manera distinta. Que para ellos hasta el más simple trabajo, es una tarea a ser desarrollada en red, en donde la inteligencia colectiva y la cultura participativa, son las lógicas motoras de su actuación en el mundo real.
También aprendimos que los cambios llegaron para quedarse y que pese a que desde el mundo de la educación se insista en la fórmulas tradicionales, los estudiantes están operando con lógicas diferentes, que se ajustan más a lo que sucede en el mundo actual. Que el uso de las redes sociales, va a más allá de los cuentos distópicos de los especialista. Nos dice algo más importante: que sus formas de pensar, socializar y adquirir conocimiento cambiaron.
Cobertura en prensa de la investigación: